Un dicho...un hecho! Este blog es exclusivo sobre mi vida y experiencias,nadie obliga a nadie,no sigas mi camino porque no es lo que parece,tu castillo se puede derrumbar...las princesas nacen,no se hacen.
sábado, 24 de marzo de 2012
¿Cuántos kilos de soledad tienes?
Pareciera que cuando un hombre deja de amarnos, cae el mundo; se terminan todas las posibilidades, y a mano sólo queda un “pote de helado o chocolates”; nos metemos en nuestra propia historia de sufrimiento y nos quedamos ahí espectadoras mirando el corazón roto.
Por supuesto que muchas veces más comemos “desde nuestros estados de ánimo” cuando nos enojamos por algo del trabajo, nos peleamos con alguien, discutimos o sentimos que las cosas “no salen como deberían” y -por supuesto también que no todas las “mujeres reacción de la misma manera”; este artículo es para aquellas que muchas veces comen desde la emoción. Y que es comer desde la emoción? Es buscar una satisfacción o un auto-castigo a través de los alimentos, que implican en sí mismo, la relación con la vida.
En múltiples oportunidades nuestro cuerpo habla sobre aquellas cosas que no queremos decir nada; sobre la tristeza, la ira, el desamor, el vacío que sentimos, la carga social que pesa sobre nuestras espaldas.
Pero, qué mejor oportunidad que “auto-conocerte,” que tomar conciencia de las cosas que te hacen reaccionar, y de la forma que has escogido para comunicarte; y entonces comprender que el abandono de tu pareja, la infidelidad, el maltrato que otros profieren hacia tu persona no es el escenario para que tú te sigas lastimando.
Porque DUELE que te traicionen o que no te elijan, pero mucho más duele que una misma se traicione o no te elija; mucho más duele que tú misma eleves tus índices de colesterol, azúcar, grasa, triglicéridos porque otro sea el que no te ame.
Los médicos han avanzado en el estudio de los trastornos alimenticios, y se ha destacado el hecho de que cuando los tenemos, en verdad tenemos un trastorno o desorden con la vida; es decir nos sentimos en “caos” y nos refugiamos en los alimentos para darnos el placer que “aparentemente el destino no nos aporta” o bien “para flagelarnos por lo que no logramos”.
Sin embargo, esa conducta lejos de aportarnos una solución, nos acerca un problema; y por lo tanto en lugar de sentir un alivio, la pesadez del alma se hace más densa.
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